La consistencia de la plastilina tiene un impacto significativo en el crecimiento y la preparación de las habilidades motoras finas en los niños. Expertos en desarrollo infantil enfatizan que, a diferencia de la tendencia actual de producir plastilina cada vez más suave, un material más rígido es beneficioso para el fortalecimiento muscular de las manos. Esta práctica lúdica es fundamental para sentar las bases de una escritura adecuada y para contrarrestar los efectos del estilo de vida moderno, que a menudo limita las oportunidades para que los niños ejerciten sus manos de manera efectiva.
Tradicionalmente, se ha valorado la suavidad de la plastilina como un atributo positivo, facilitando la manipulación por parte de los pequeños. Sin embargo, esta facilidad excesiva puede resultar contraproducente. La pedagoga María Couso, especialista en neuroeducación, subraya que la preparación para la escritura demanda una tonificación específica de la musculatura de la mano. La acción de moldear un material con cierta resistencia es comparable a un entrenamiento, desarrollando la fuerza, el control y la resistencia necesarios para sostener un lápiz y realizar trazos con precisión. Por lo tanto, desechar la plastilina endurecida sería perder una valiosa herramienta de aprendizaje.
En los últimos años, la industria ha optado por plastilinas de menor firmeza, con la intención de hacerlas más accesibles para los niños y reducir la frustración. No obstante, esta adaptación tiene una desventaja: un material demasiado blando no ejerce la presión necesaria para activar y fortalecer los músculos de las manos. Como señala Couso, una plastilina que no ofrece resistencia no contribuye al desarrollo del tono muscular. Aunque la plastilina blanda puede ser útil para niños con necesidades específicas, no debería ser la única opción para el desarrollo general. La estimulación manual es crucial y debe ser variada.
El entorno actual, dominado por el sedentarismo y la prevalencia de pantallas, agrava la situación. Los niños de hoy en día interactúan menos con actividades que requieran destreza manual, lo que María Couso identifica como un factor que retrasa el desarrollo de la motricidad fina. Esto se traduce en dificultades en el ámbito escolar, donde la escritura es una habilidad fundamental. Ante este panorama, es lógico replantearse la conveniencia de la plastilina más firme para compensar esta falta de ejercicio manual. Incluso, aprovechar los trozos de plastilina que se endurecen accidentalmente puede convertirse en una oportunidad pedagógica.
Es común observar una prisa por introducir la escritura a edades tempranas, sin considerar si los niños han alcanzado el desarrollo motor adecuado. La estructura ósea de la mano de un niño de cuatro años difiere considerablemente de la de uno de siete. Forzar la escritura sin una base motriz sólida puede generar fatiga, rechazo y problemas futuros. Al integrar juegos con materiales que demandan esfuerzo, como la plastilina más dura, se facilita una preparación natural y respetuosa. Por lo tanto, la próxima vez que encuentres plastilina endurecida, considérala una herramienta valiosa para el crecimiento y aprendizaje de tu hijo, y una forma divertida de desafiar sus habilidades manuales.