La persistente contaminación por microplásticos en los entornos marinos está desvelando complejidades y repercusiones cada vez más pronunciadas en la vida oceánica. Una reciente investigación, encabezada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), ha puesto de manifiesto que el zooplancton, en particular los copépodos, asume una función significativamente más activa de lo que se estimaba en la reubicación de estos contaminantes en los mares.
Los microplásticos, fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros, se han posicionado como uno de los agentes contaminantes más generalizados en nuestro planeta. Se calcula que más de 125 billones de estas partículas navegan actualmente en los océanos, procediendo tanto de la desintegración de plásticos de mayor tamaño como de productos diseñados directamente a escala microscópica. Históricamente, el análisis de los microplásticos se había enfocado en su dispersión física en la superficie oceánica o en los lechos marinos. Sin embargo, la intervención de los procesos biológicos en su desplazamiento vertical y horizontal está adquiriendo una relevancia creciente. Los copépodos representan la agrupación más numerosa de zooplancton a nivel global y ejercen un dominio sobre las comunidades planctónicas en casi todas las zonas marinas, desde las aguas superficiales hasta las profundidades abisales.
El estudio pionero logró cuantificar en tiempo real la trayectoria de los microplásticos a través del sistema digestivo de un copépodo, empleando metodologías de laboratorio de vanguardia. Los científicos calcularon flujos de hasta 271 partículas microplásticas por metro cúbico de agua al día en áreas como el canal occidental del Canal de la Mancha. Su ingestión por parte de los copépodos facilita su transmisión a los niveles superiores de la cadena alimentaria, dado que estas criaturas son un recurso alimenticio crucial para peces, larvas y otros seres vivos, desempeñando así un rol vital en los ecosistemas marinos.
Estos descubrimientos posibilitan la optimización de los modelos de transporte de plásticos en el océano y agilizan la detección de áreas de exposición crítica, lo que contribuye al establecimiento de estrategias de actuación y preservación marina. Con una cifra estimada superior a los 125 billones de partículas microplásticas en el océano, esta investigación subraya la urgencia de disminuir el vertido de plásticos al medio marino y avanzar hacia esquemas de producción y consumo más sostenibles.