Una nueva investigación del Instituto Español de Oceanografía (IEO) ha sacado a la luz un hallazgo crucial sobre la contaminación marina. Los microplásticos, que anteriormente se pensaba que se dispersaban principalmente por las corrientes superficiales, son ahora conocidos por ser activamente transportados a través de las columnas de agua oceánica por el zooplancton, en particular por los copépodos.
Zooplancton: Pequeños Héroes o Villanos Inadvertidos en la Crisis de los Microplásticos
El zooplancton, esos pequeños organismos que flotan en el vasto océano, lleva a cabo una migración vertical diaria. Durante el crepúsculo, ascienden a las capas superficiales para nutrirse, y con la llegada del alba, se sumergen a profundidades mayores para eludir a sus depredadores. Durante sus periodos de alimentación, estos seres marinos ingieren inadvertidamente microplásticos, confundiéndolos con alimento. Una vez dentro de sus cuerpos, estos contaminantes pueden ser transportados a diversas profundidades oceánicas.
El estudio, dirigido por Valentina Fagiano del Centro Oceanográfico de Baleares del IEO y en colaboración con científicos del Plymouth Marine Laboratory del Reino Unido, ha cuantificado por primera vez la velocidad a la que los microplásticos atraviesan el sistema digestivo de los copépodos, específicamente la especie Calanus helgolandicus. Se estima que estos organismos pueden transportar hasta 271 partículas de microplásticos por metro cúbico de agua de mar cada día en regiones como el canal occidental de la Mancha. Los hallazgos ofrecen una visión cuantitativa sin precedentes sobre la implicación del zooplancton en el ciclo de los microplásticos. Dada la estimación de más de 125 billones de partículas de microplásticos en los océanos, entender cómo estos contaminantes se mueven a través de los ecosistemas y las redes alimentarias es vital para predecir sus efectos a largo plazo en la salud de nuestros océanos.
Los copépodos, que son el grupo más abundante de zooplancton y ocupan una posición central en la red trófica marina, desempeñan un papel fundamental en la llamada “bomba biológica”, que consiste en el empaquetamiento de carbono en gránulos fecales que se hunden hacia capas más profundas del océano. Su inmensa abundancia significa que incluso las acciones aparentemente insignificantes a nivel individual, como la ingestión de microplásticos, pueden generar cambios sustanciales a escala de ecosistema. La capacidad del zooplancton para transportar microplásticos tiene importantes consecuencias ecológicas. No solo contribuye a la propagación global de la contaminación, sino que también aumenta la exposición de una multitud de organismos marinos a estos contaminantes. La investigadora Fagiano enfatiza que esta investigación «conecta lo que sucede dentro de un solo organismo con la forma en que los plásticos se redistribuyen a escala de ecosistema». Añade que «disponer de valores realistas sobre la ingestión y el tiempo de tránsito intestinal es fundamental para afinar los modelos que permiten predecir mejor dónde acaban los microplásticos, qué especies están más expuestas y cómo esta contaminación interactúa con otras presiones que afectan a los ecosistemas marinos.»